Científicos han detectado una fractura de unos 75 kilómetros en una placa tectónica frente a Canadá y el hallazgo ayuda a entender qué ocurre con una de las grandes zonas sísmicas del planeta.
Hay movimientos de la Tierra que ocurren tan lentamente que resultan imposibles de percibir durante una vida humana. No se sienten, no se ven y tampoco provocan, por sí mismos, que el suelo bajo nuestros pies comience a moverse de repente. Sin embargo, están transformando el planeta constantemente.
Eso es lo que los científicos están observando bajo el océano Pacífico, frente a la isla de Vancouver, en Canadá. Allí han conseguido imágenes detalladas de una fisura de unos 75 kilómetros que está afectando a una placa tectónica que se hunde bajo la placa Norteamericana. El hallazgo permite observar directamente cómo una enorme estructura de la corteza terrestre comienza a fragmentarse.
La noticia puede sonar inquietante, especialmente porque la región de Cascadia es conocida por su actividad sísmica. Pero hay una diferencia fundamental entre detectar una fisura tectónica y anunciar un terremoto: este descubrimiento no significa que vaya a producirse una gran sacudida de manera inminente. El proceso que están estudiando los investigadores ocurre en una escala geológica, de millones de años.
Qué está pasando bajo el océano Pacífico
Para entender la importancia del hallazgo hay que imaginar la superficie terrestre como un enorme rompecabezas. Sus piezas, las placas tectónicas, no están quietas. Se desplazan lentamente, chocan, se separan o pasan unas por debajo de otras.
En la zona de Cascadia ocurre precisamente esto último. Una parte de la corteza oceánica se introduce bajo la placa Norteamericana en un proceso conocido como subducción. Durante millones de años, ese movimiento ha contribuido a moldear la costa occidental de Norteamérica.
Ahora los científicos han encontrado evidencias de que, en el extremo norte de este sistema, la placa que se está hundiendo también está comenzando a desgarrarse. Las imágenes obtenidas mediante técnicas de reflexión sísmica muestran fracturas profundas y una estructura de aproximadamente 75 kilómetros asociada con este proceso.
Dicho de una manera sencilla: la placa no se está rompiendo como una lámina que alguien parte de golpe. Se está deformando y fragmentando poco a poco mientras continúa su recorrido hacia el interior de la Tierra.
Qué significa realmente la fisura
La importancia de la fisura no está tanto en lo que pueda ocurrir mañana, sino en lo que permite comprender sobre el futuro de esa región y sobre la propia evolución del planeta.
Los investigadores consideran que este proceso puede terminar separando un fragmento de la placa y modificando la zona donde actualmente ocurre la subducción. En otras palabras, una estructura tectónica que durante millones de años ha funcionado de una determinada manera está empezando a reorganizarse.
Es un poco como observar una carretera que, después de miles de años de uso, empieza a cambiar de trazado. El cambio existe, pero no ocurre de un día para otro. En este caso, además, la “carretera” está formada por enormes bloques de roca y el proceso se desarrolla a una escala temporal que supera por completo la experiencia humana.
Por eso, cuando se habla de que una placa “se está rompiendo”, no hay que imaginar una grieta abriéndose repentinamente en el fondo del océano ni un agujero que vaya a afectar a las ciudades cercanas.
¿Puede provocar un terremoto?
Esta es probablemente la pregunta que más interesa a quienes han conocido el hallazgo.
La respuesta es que la fisura no supone por sí misma una señal de que vaya a ocurrir un gran terremoto próximamente. De hecho, el propio autor principal de la investigación, el geólogo Brandon Shuck, ha señalado que el descubrimiento no cambia el panorama del peligro sísmico de Cascadia en escalas de tiempo humanas. La región, eso sí, ya es una zona con capacidad para producir grandes terremotos y tsunamis, independientemente de este nuevo hallazgo.
Esto es importante porque una cosa es el proceso que está provocando la fisura y otra muy distinta la actividad sísmica que puede producirse en la región.
Los terremotos se originan cuando las tensiones acumuladas en las rocas se liberan. La investigación sobre la fisura aporta nueva información sobre cómo están organizadas esas estructuras profundas y cómo pueden influir en la forma en que se comportan las zonas de subducción. Por eso, aunque no sea una advertencia de un terremoto inmediato, sí puede resultar útil para mejorar en el futuro los modelos científicos sobre el riesgo sísmico.
Una pieza que ayuda a entender cómo cambia la Tierra
Quizá la parte más interesante del descubrimiento sea que los científicos están viendo algo que normalmente solo pueden reconstruir mirando el pasado.
Las placas tectónicas desaparecen, chocan, se fragmentan y forman nuevos límites. Pero esos procesos suelen durar tanto tiempo que los investigadores tienen que estudiar las huellas que dejaron estructuras antiguas para reconstruir cómo ocurrieron.
En Cascadia, en cambio, tienen la oportunidad de observar una zona que está atravesando precisamente uno de esos cambios. Los datos obtenidos mediante imágenes sísmicas y registros de terremotos muestran que la fracturación no es uniforme y que diferentes sectores de la placa presentan comportamientos distintos.
Eso puede ayudar a explicar algo mucho más grande que esta fisura concreta: cómo terminan las zonas de subducción y cómo las grandes placas pueden acabar dando lugar a fragmentos más pequeños o microplacas.
Lo que este descubrimiento significa para la gente
Para alguien que vive lejos de la costa del Pacífico, la respuesta más sencilla es que no hay una consecuencia inmediata que vaya a sentirse en la vida cotidiana.
No significa que el océano vaya a abrirse, que la placa vaya a partirse de repente ni que exista una nueva amenaza sísmica provocada por este descubrimiento.
Su importancia es otra. Los científicos han conseguido observar con mucho más detalle una transformación que normalmente permanece escondida bajo kilómetros de agua y roca. Y comprender mejor cómo se comportan esas estructuras puede servir para perfeccionar los modelos con los que se estudian los terremotos y tsunamis en regiones como Cascadia.
La Tierra, en definitiva, no está quieta. Se mueve y se transforma constantemente. La diferencia es que, en este caso, ese cambio ocurre a una velocidad tan lenta que para nosotros parece inmóvil. La fisura de 75 kilómetros no es el anuncio de un cataclismo: es una ventana excepcional para observar cómo se transforma el planeta desde dentro.
Fuente científica: estudio publicado en Science Advances sobre la fragmentación de la placa en el norte de Cascadia.
