El nuevo Gobierno cumple 30 días al frente de la Presidencia del país ¿ha cambiado algo en la vida de los ciudadanos?
Un mes después de la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia de Colombia, el 7 de agosto de 2026, el balance del nuevo Gobierno no solo puede medirse en discursos, nombramientos, operativos militares o decisiones políticas. Si no que también, es importante revisar si las medidas que se han tomado han tenido por ahora, un impacto positivo o negativo en el día a día de los colombianos.
Aunque todavía no existen suficientes datos económicos para atribuir al nuevo Ejecutivo cambios en la inflación, el empleo o el coste de vida. Eso no significa que no haya decisiones que puedan terminar afectando a los ciudadanos. Algunas ya están sobre la mesa y otras empiezan a mostrar sus primeros efectos.
La salud, una de las grandes pruebas
La sanidad es uno de los terrenos en los que el nuevo Gobierno ha planteado cambios de fondo. De la Espriella anunció que su política buscará reforzar la prevención y que las EPS que sean consideradas viables tendrán la posibilidad de recuperarse, mientras que aquellas que no puedan continuar deberán ser liquidadas.
Para el ciudadano, sin embargo, el debate no se resume en qué EPS permanece o desaparece. La cuestión está en algo mucho más concreto: si consigue una cita, si recibe a tiempo un tratamiento y si encuentra los medicamentos que necesita.
En este primer mes todavía sería precipitado afirmar que el sistema sanitario ha mejorado o empeorado como consecuencia de las nuevas medidas. Lo que sí puede decirse es que la salud aparece entre las prioridades declaradas por el Ejecutivo y que el verdadero examen llegará cuando esas decisiones se traduzcan en atención efectiva para los pacientes.
El bolsillo todavía no tiene una respuesta definitiva
El coste de vida es probablemente el indicador que más directamente preocupa a las familias. Sin embargo, hacer responsable al nuevo Gobierno de una subida o bajada concreta de los precios después de apenas un mes sería metodológicamente incorrecto.
El dato oficial más reciente antes de la publicación de este balance situaba la inflación anual en el 6,03% en julio. En ese mes, además, los precios de alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles registraron una variación mensual del 0,55%, mientras que salud aumentó un 0,38%.
El dato de agosto permitirá empezar a observar qué ocurrió durante el primer mes del nuevo Ejecutivo, aunque tampoco permitirá por sí solo establecer una relación causal entre el cambio de Gobierno y el comportamiento de los precios.
La pregunta que sí merece la atención de los ciudadanos es otra: ¿qué medidas del nuevo Gobierno pueden terminar afectando a lo que pagan cada mes?
La factura de la luz, uno de los primeros focos
La energía ya ha entrado en el debate cotidiano. El Gobierno ha introducido cambios relacionados con el cálculo de las tarifas eléctricas y se han anunciado medidas que afectan de manera diferente a los hogares dependiendo de su consumo y de determinadas condiciones.
Es un terreno especialmente sensible porque la electricidad forma parte de los gastos básicos de cualquier familia y, además, el propio DANE situó alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles entre las divisiones que más presionaron la inflación en julio.
Por eso, más que preguntarse únicamente si el Gobierno ha tomado una decisión sobre la energía, el dato relevante para el ciudadano será cuánto termina pagando en su próxima factura y a quién beneficia o perjudica cada cambio.
El empleo todavía habla del Gobierno anterior
Algo parecido ocurre con el trabajo. Los últimos datos consolidados del DANE disponibles al comienzo de este primer mes muestran una tasa de desempleo nacional del 8,1% en julio y una tasa de ocupación del 59,5%.
Pero esos datos tampoco pueden utilizarse como una fotografía del primer mes de De la Espriella. El mercado laboral necesita más tiempo para reflejar los efectos de las políticas económicas de un nuevo Ejecutivo.
En el caso de los jóvenes, el DANE registró para abril-junio una tasa de desempleo del 14,7%, seis décimas menos que un año antes. La cuestión para los próximos meses será comprobar si las promesas de generación de empleo y crecimiento se traducen en más puestos de trabajo y mejores oportunidades, especialmente para quienes tienen más dificultades para acceder al mercado laboral.
El campo también empieza a sentir el cambio
Uno de los primeros giros que ya se han producido afecta al territorio rural. El Gobierno comenzó a desmontar parte de las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos, conocidas como APPA, creadas durante el Ejecutivo anterior para proteger determinados terrenos agrícolas frente a la minería y la expansión urbanística.
La primera resolución afecta a cinco áreas de la Sabana de Bogotá que abarcan unas 15.800 hectáreas. El Gobierno sostiene que estas figuras suponían una restricción sobre la autonomía de los municipios, mientras que sus defensores consideran que protegían suelos estratégicos para la producción de alimentos.
Para el ciudadano, la discusión puede parecer lejana, pero tiene una consecuencia potencialmente directa: qué se produce, dónde se produce y cuánto suelo agrícola permanece disponible puede terminar influyendo en el precio y la disponibilidad de determinados alimentos.
Eso, sin embargo, es un efecto que todavía no puede medirse después de un solo mes.
Seguridad sí ha sido uno de los cambios más visibles
Si hay un área en la que el nuevo Gobierno ha querido marcar una diferencia desde el comienzo, esa es la seguridad. De la Espriella ha apostado por una política de confrontación directa contra las organizaciones armadas y ha defendido públicamente una estrategia de mano dura. En los primeros días de septiembre, la Presidencia informó de operaciones que dejaron capturas e incautaciones de droga y presentó estos resultados como parte del balance de su ofensiva contra el narcoterrorismo.
Aquí la medición para los ciudadanos será distinta a la de la economía. No bastará con contar capturas o toneladas de droga incautadas. El verdadero indicador será si bajan los homicidios, las extorsiones, los secuestros y los desplazamientos y si las personas recuperan la sensación de seguridad en las zonas más afectadas por la violencia.
Un mes todavía es poco para hablar de una transformación
El primer mes de Abelardo de la Espriella deja, por tanto, una conclusión menos espectacular que la sucesión de anuncios políticos: muchas de las decisiones más importantes todavía tienen que recorrer el camino que separa una medida de su efecto sobre la ciudadanía.
Hay cambios que ya son visibles, especialmente en seguridad, salud y algunas políticas sectoriales. También hay decisiones sobre el campo y la energía que pueden terminar teniendo consecuencias sobre los hogares. Pero todavía no hay base suficiente para afirmar que el nuevo Gobierno haya cambiado de manera sustancial el coste de vida, el empleo o el poder adquisitivo de los colombianos.
Y esa es precisamente la fotografía que merece la pena hacer dentro de un mes, tres meses o seis meses: no cuántos anuncios ha hecho el presidente, sino cuántos de ellos han terminado llegando a la nevera, a la farmacia, a la factura de la luz o al salario de los colombianos.
Porque para quien paga las cuentas a final de mes, el balance de un Gobierno no se mide en discursos. Se mide en lo que puede comprar, en lo que puede pagar y en los servicios que recibe.
