En el escenario de la guerra electrónica y la seguridad moderna, pretender que una única tecnología garantice una protección infalible es un mito técnico. Ningún equipo o solución individual es capaz de ofrecer una cobertura del 100% por sí solo, una realidad que se hizo evidente durante la Feria Internacional de Seguridad al analizar los urgentes retos de la gobernanza aeroespacial y la protección de infraestructuras críticas en Colombia.
El Mayor (r.) de la Fuerza Aérea Colombiana, Camilo Mendoza Arango, explicó cómo los vacíos normativos y el avance acelerado de la tecnología convirtieron a los drones en un riesgo crítico para la infraestructura del país.
El encuentro permitió analizar por qué los métodos de vigilancia tradicionales diseñados solo para cuidar el terreno y los accesos terrestres, hoy se quedan cortos frente a los ataques por aire, y por qué el país necesita tecnología más avanzada para proteger sus centrales eléctricas, petroleras y servicios esenciales.
Durante su intervención, el Mayor (r.) Mendoza hizo un recuento sobre cómo los grupos al margen de la ley migraron del uso de aeromodelos rudimentarios a la especialización sistemática con drones de última generación. «Los drones pasaron de ser una amenaza para el entorno meramente militar a convertirse en una amenaza nacional, sin distingos de uniformes, ideologías o actividad comercial», señaló.
Explicó que el éxito de estas incursiones delictivas radica en que los esquemas de seguridad del país se diseñaron históricamente bajo un concepto bidimensional (protección de accesos por superficie, vallas y vigías), mientras que los drones introdujeron una tridimensionalidad que vulnera fácilmente las instalaciones sin una protección aérea de baja altitud.
Asimismo, destacó que las intrusiones no identificadas en instalaciones petroleras, energéticas y mineras han crecido de manera preocupante, lo que exige decisiones tecnológicas inmediatas para evitar la parálisis de servicios esenciales.
Ningún sistema permite una cobertura del 100%
Al ser consultado sobre las narrativas mediáticas que señalan presuntas fallas en la adquisición de tecnología antidrones, Mendoza fue enfático en desmitificar esas versiones:
- La defensa técnica es efectiva: Aclaró que la Fuerza Pública ha venido ejerciendo la defensa antidrones con resultados satisfactorios desde hace varios años, subrayando que no debe confundirse la gestión operativa con debates políticos.
- Ningún sistema es infalible por sí solo: El exoficial de la Fuerza Aérea explicó que en la guerra electrónica moderna es técnicamente imposible ofrecer una cobertura o neutralización total. «Ni siquiera sistemas ultra avanzados a nivel mundial son infalibles por sí solos. La amenaza evoluciona y se actualiza a diario. Por eso, la respuesta no es un único equipo, sino el diseño de estrategias de defensa multicapa adaptadas a las condiciones de cada territorio», afirmó.
- Detección especializada: Explicó además que los radares tradicionales de aviación no detectan aeronaves no tripuladas comerciales de tamaño reducido, lo que exige la integración de tecnologías de detección dedicadas de micro-sección.
Uno de los puntos clave abordados en la jornada fue el marco de cooperación técnica y regulatoria que requiere el país. Lejos de una confrontación normológica, el análisis se orientó hacia una oportunidad de articulación constructiva: el fortalecimiento de la gobernanza aeroespacial de la mano de las instituciones del Estado y el sector privado.
Existe una ventana de oportunidad única para articular la visión estratégica del gobierno nacional con el expertise, la agilidad y la capacidad tecnológica desarrollada por la industria privada. Unir la experiencia operacional de la Fuerza Pública con soluciones avanzadas de misión crítica permitirá flexibilizar procesos, acelerar la adopción de tecnología defensiva y construir una arquitectura de seguridad verdaderamente efectiva.
En diálogo posterior con la prensa, Mendoza abordó la brecha entre la capacidad de respuesta y la velocidad con la que se mueven las amenazas aéreas, asegurando que la clave está en el desarrollo e integración de capacidades locales.
«Colombia cuenta con la capacidad técnica y la industria especializada para responder a este desafío. El país debe respaldarse en tecnología de misión crítica con capacidad comprobada, integrando su desarrollo a la arquitectura de protección de sus activos más valiosos», concluyó.
La jornada cerró con un mensaje de convergencia: la protección del espacio aéreo de baja altura no debe verse como un reto aislado del Estado, sino como una alianza nacional. La integración activa de empresas del sector privado aportando ingeniería, auditorías objetivas y herramientas de vanguardia es el paso definitivo para blindar la infraestructura crítica y garantizar la continuidad operativa de Colombia.
