Antes de tocar el bolsillo de los colombianos, Hacienda plantea recortar gastos y reorganizar la deuda, aunque todavía no se conocen los nuevos impuestos que podría incluir el proyecto.
La palabra decreto ha empezado a aparecer en la discusión económica porque el nuevo Gobierno de Abelardo de la Espriella prevé utilizar medidas administrativas para comenzar el ajuste de las cuentas públicas. Después vendría la reforma tributaria que el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, anunció para septiembre.
El orden importa: primero se busca reducir gastos y mejorar el manejo de la deuda; después, llevar al Congreso una reforma estructural. Gómez ha explicado que el propósito es simplificar el sistema tributario y buscar un esquema con tarifas más bajas, aunque todavía no existe un texto definitivo que permita saber cuánto pagaría cada colombiano.
Para una familia que vive de un salario, tiene un pequeño negocio o paga arriendo, esto significa que por ahora no hay un nuevo impuesto que deba empezar a pagar por esta reforma. Las reglas actuales continúan vigentes mientras el proyecto no sea presentado, discutido y aprobado.
El problema que el Gobierno encuentra en las cuentas
El Gobierno entrante recibe unas finanzas públicas con poco margen. El Banco de la República reportó que el déficit del Gobierno Nacional Central fue equivalente al 6,4% del PIB en 2025 y que la deuda bruta llegó al 64,4% del PIB.
Por eso, Hacienda plantea comenzar con un ajuste del gasto. Miguel Gómez ha señalado que existen partidas que pueden recortarse y que parte de los recursos necesarios para atender las prioridades del nuevo Gobierno saldría de esos ahorros. También ha planteado reperfilar la deuda, una operación que busca mover vencimientos cercanos hacia plazos más largos para aliviar las necesidades inmediatas de caja.
El punto delicado llegará después. Si el recorte del gasto y el manejo de la deuda no alcanzan para cerrar el desequilibrio de las cuentas, el Gobierno tendrá que explicar de dónde saldrán los recursos adicionales.
Ahí entra la reforma tributaria.
Qué debería mirar la clase media cuando llegue el proyecto
La principal incógnita no es solo cuánto dinero quiere recaudar el Gobierno, sino quién terminará aportándolo.
El ministro ha hablado de simplificar el sistema y de reducir cargas que afectan a las empresas. También ha defendido la necesidad de una reforma estructural, pero todavía no ha presentado el articulado que permita conocer los cambios concretos en IVA, renta, patrimonio, combustibles u otros impuestos.
Por eso conviene separar los anuncios de lo que ya está aprobado. En agosto no existe todavía una nueva obligación tributaria derivada de la reforma de septiembre.
El antecedente también importa: el Gobierno de Gustavo Petro dejó radicado en julio otro proyecto de reforma tributaria, con una meta de recaudo de $21,9 billones para 2027. La nueva administración ha dicho que no comparte esa propuesta y pretende presentar la suya.
Septiembre será, por tanto, el momento para conocer las reglas reales. Hasta entonces, más que hacer cuentas con impuestos que todavía no existen, lo útil es seguir tres datos: qué gasto recortará el Gobierno, cómo manejará la deuda y qué nuevos ingresos propondrá al Congreso.
Esos tres puntos serán los que permitan saber si la reforma termina afectando directamente a los hogares o si el mayor esfuerzo recae sobre empresas y contribuyentes de mayores ingresos.
