La crisis de la salud en Colombia ya no se mide únicamente en balances financieros, deudas hospitalarias o discusiones técnicas sobre la reforma. Ahora también se refleja en algo mucho más cotidiano y más grave: pacientes que deben pagar de su bolsillo medicamentos que el sistema ya no entrega, familias obligadas a acudir a tutelas para recibir atención y tratamientos que llegan demasiado tarde.
Ese es el panorama que describe María Clara Posada en un análisis que vuelve a poner sobre la mesa el costo humano del deterioro del sistema de salud. “Hoy los colombianos pagan más, reciben menos y enfrentan un sistema cada vez más lento, fragmentado e insuficiente” así describe la situación la actual senadora electa del Centro Democrático.
La otra factura de la crisis
Durante años, el debate sobre salud se concentró en EPS, UPC, reformas y déficits fiscales. Pero mientras la discusión política avanzaba, millones de usuarios empezaron a sentir un impacto directo en sus bolsillos.
Según el análisis de Posada, el suministro completo de medicamentos cayó a niveles entre el 55% y el 65%. En otras palabras, cientos de pacientes reciben tratamientos incompletos o simplemente no reciben los medicamentos formulados.
La consecuencia inmediata ha sido el aumento del llamado “gasto de bolsillo”. Familias enteras están asumiendo costos que antes cubría el sistema: medicamentos de alto costo, consultas particulares, transporte para buscar atención, y hasta exámenes diagnósticos. “Si el sistema no lo entrega, la gente tiene que resolver como pueda”, advierte Posada.
En la práctica, esto ha creado una especie de sistema paralelo donde la capacidad económica empieza a definir quién logra continuar un tratamiento y quién no.
Urgencias llenas, prevención vacía
Otro de los síntomas más preocupantes es el cambio en la dinámica de atención. Mientras disminuyen las consultas preventivas y los controles oportunos, las atenciones por urgencias aumentaron cerca de un 70%, según el documento. Para expertos, esto refleja una falla en el sistema que dejó de prevenir y empezó a reaccionar cuando los pacientes ya llegan en estados críticos.
El resultado es visible en distintas regiones del país: urgencias saturadas, citas represadas, especialistas con agendas cerradas, pacientes esperando semanas o meses por procedimientos básicos.
Video cortesía: https://www.instagram.com/mariaclaraposada_/reels
Tutelas: el termómetro del colapso
Quizá uno de los datos más reveladores del informe es el crecimiento de las tutelas relacionadas con salud.
Entre 2022 y 2025, estas acciones judiciales aumentaron casi un 100%, convirtiéndose en la principal herramienta de miles de ciudadanos para acceder a tratamientos, medicamentos o procedimientos.
La lectura detrás de esa cifra es delicada. Cuando el acceso depende de un juez, el sistema deja de garantizar derechos de manera ordinaria.
Las muertes evitables y la tensión política
El documento también alerta sobre un incremento del 20% en muertes evitables, una cifra que alimenta el debate político alrededor de la reforma a la salud impulsada por el Gobierno de Gustavo Petro.
Mientras el Ejecutivo insiste en que el problema proviene de un modelo históricamente desfinanciado y dominado por intermediarios, sectores críticos sostienen que las intervenciones recientes y la incertidumbre institucional agravaron el deterioro operativo.
En medio de esa confrontación, el impacto ya se siente en la vida diaria de los pacientes con tratamientos interrumpidos, medicamentos retrasados, procedimientos aplazados, y familias que terminan financiando una parte creciente de su atención médica.
Un sistema cada vez más desigual
El análisis plantea otra preocupación de fondo. La crisis está ampliando la brecha entre quienes pueden pagar atención privada y quienes dependen exclusivamente del sistema público o de su EPS.
“A los únicos que no afecta es a los que Petro y Cepeda llaman los 4000 más ricos que tienen seguros prepagados y recursos para atención particular”, sostiene Posada.
La advertencia no es menor. Si la tendencia continúa, Colombia podría avanzar hacia un modelo donde el acceso oportuno a la salud dependa cada vez más de la capacidad económica del paciente.
La salud dejó de ser un debate técnico
Lo que muestran las cifras y testimonios es que la crisis ya trascendió los escritorios y los debates legislativos.
Hoy la discusión no gira únicamente alrededor de reformas estructurales o modelos de aseguramiento. La pregunta es ¿cuánto tiempo puede resistir un sistema donde millones de personas sienten que deben pagar más, esperar más y luchar más para recibir una atención que antes daban por garantizada?
