El presidente de Pacientes Colombia sostiene, en entrevista con Noti 360, que el sistema de salud del país “se ha venido a pique” desde la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia.
La crisis del sistema de salud en Colombia ha dejado de ser una advertencia técnica
para convertirse en un señalamiento directo. Gustavo Campillo, presidente de Pacientes Colombia, no solo describe el deterioro: acusa al Gobierno de Gustavo Petro de haber impulsado deliberadamente un escenario de colapso.
“El problema no es que tenga ideología, el problema es el tipo de ideología”, afirma
Gustavo Campillo. Y profundiza: “la intención del gobierno, en su campaña electoral,
(era) la de estatizar el sistema de salud”. Su crítica apunta a un enfoque que, en su
opinión, no solo ha ignorado las recomendaciones de especialistas, sino que ha puesto en riesgo los avances logrados durante décadas.
Campillo sostiene que el principal problema del Ejecutivo ha sido la falta de diálogo. “El error que cometió el gobierno es no escuchar a los actores. No concertar la posible reforma al sistema de salud, sino imponerla”. A su juicio, esta imposición responde a una visión que implica “retroceder en los derechos adquiridos en el sistema”.
El diagnóstico es especialmente crítico si se tiene en cuenta el punto de partida. Según Campillo, Colombia venía de un proceso sostenido de mejora basado en la colaboración entre lo público y lo privado. “En los últimos treinta años (se consolidó) la alianza público-privada más grande del país”, explica, lo que permitió “un nivel de garantía del goce del derecho a la salud altamente progresivo”. Este modelo, añade, logró incluso cerrar brechas históricas.
Sin embargo, ese desarrollo, que incluía modelos avanzados de atención para
enfermedades complejas —renales, oncológicas, VIH o trasplantes—, “se ha venido a
pique”. Y aquí Campillo lanza una de sus acusaciones más contundentes: “dentro de la ideología había que crear una crisis”. Recuerda declaraciones de la entonces ministra Carolina Corcho y del propio presidente, a quien atribuye la estrategia del “efecto dominó” para desmantelar el sistema.
El mecanismo, según detalla, ha sido eminentemente financiero. “La forma de hacerlo es asfixiar financieramente el sistema”. “¿Cómo? No incrementando el valor que se requiere para garantizar el aseguramiento”. Las consecuencias, advierte, ya son visibles: “no habiendo recursos no hay capacidad de prestar los servicios”. Por este motivo, hoy estamos viendo “muertes de niños, muertes de trasplantados…lo que estamos viviendo es una crisis humanitaria”.
El foco también se dirige a decisiones recientes del Gobierno, como el nombramiento de Daniel Quintero al frente de la Superintendencia Nacional de Salud. Medida que Campillo cuestiona abiertamente y califica de “inmoralidad pública”. A su juicio, este tipo de designaciones responden a intereses políticos más que a criterios técnicos, en un momento especialmente delicado para el sistema.
Frente a este panorama, el margen de maniobra del actual Gobierno, según Campillo, es prácticamente inexistente. “Ya no hay tiempo”, afirma. Su mirada está puesta en el próximo ciclo político: “tenemos que proyectar hacia el próximo presidente… que nos escuche”. La reconstrucción, advierte, será larga: “los técnicos establecen un tiempo de más o menos 10 años para estabilizar el daño” que se ha provocado durante los últimos cuatro años.
Entre las medidas urgentes, destaca la necesidad de recuperar la confianza en todo el sistema. “Nadie confía en nadie”, describe, señalando la ruptura entre EPS, prestadores, profesionales y pacientes. La solución pasa, en su opinión, por una inyección inmediata de recursos económicos: “mínimo 10 billones de pesos”, aunque reconoce que el déficit total es mucho mayor.
Pese a la dureza de su diagnóstico, Campillo no renuncia a una visión de futuro.
“Colombia tiene salida”, afirma. Defiende que el sistema de salud colombiano “es uno de los mejores del mundo” y que su capacidad de resistencia en los últimos años
demuestra su solidez.
