La nueva ministra de Educación asumirá el cargo el próximo 7 de septiembre en reemplazo de Viviane Morales.
Ilva Myriam Hoyos será la nueva ministra de Educación del Gobierno de Abelardo de la Espriella, en reemplazo de Viviane Morales, quien dejará el cargo por razones familiares. Hoyos asumirá oficialmente el Ministerio de Educación Nacional el próximo 7 de septiembre, en un momento marcado por varios desafíos que afectan directamente a estudiantes, profesores y familias en todo el país.
Su llegada al Ministerio no solo supone un cambio en la cabeza de una de las carteras más importantes del Gobierno. También abre una etapa en la que tendrá que definir qué rumbo tomará la política educativa de la administración de De la Espriella y, sobre todo, cómo se traducirán sus decisiones en la vida cotidiana de millones de estudiantes.
Porque detrás de las grandes discusiones sobre educación hay problemas mucho más concretos. Un estudiante rural que no tiene las mismas condiciones que uno de Bogotá o Medellín, un joven que termina el colegio y no encuentra una alternativa para continuar estudiando, un profesor que trabaja en condiciones difíciles o una comunidad que lleva años esperando la adecuación de su colegio forman parte del reto que recibirá la nueva ministra.
La primera gran tarea será reducir las brechas
Uno de los principales desafíos para Ilva Myriam Hoyos será enfrentar las diferencias que todavía existen entre la educación que reciben los estudiantes dependiendo del territorio en el que viven.
Las dificultades son especialmente visibles en las zonas rurales, donde persisten problemas relacionados con infraestructura, conectividad, acceso a materiales educativos y resultados académicos. Para muchas comunidades, hablar de calidad educativa sigue siendo difícil cuando todavía existen colegios con necesidades básicas por resolver.
La nueva ministra tendrá que determinar cómo continuar y, si es necesario, replantear los programas que buscan cerrar esas diferencias. El desafío será conseguir que la inversión educativa tenga un impacto visible precisamente donde las carencias son mayores.
El colegio no puede ser el punto final
Otro de los asuntos que tendrá que enfrentar el Ministerio de Educación será el acceso de los jóvenes a la educación superior.
Terminar el bachillerato no garantiza que un estudiante pueda continuar una carrera profesional. Para quienes viven lejos de las grandes ciudades, las dificultades pueden comenzar incluso antes de presentar una prueba de admisión: transporte, alojamiento, costos de manutención y la escasa oferta de programas en algunas regiones terminan convirtiéndose en barreras.
Por eso, una de las preguntas que tendrá que responder la nueva ministra será cómo ampliar las oportunidades para los jóvenes que quieren continuar estudiando sin que tengan que abandonar necesariamente sus territorios.
El reto será especialmente importante en regiones históricamente rezagadas, donde la falta de instituciones de educación superior sigue limitando las posibilidades de miles de jóvenes.
Los profesores serán otra pieza clave
Cualquier transformación del sistema educativo tendrá que pasar por los docentes.
Ilva Myriam Hoyos tendrá que construir una relación con los profesores y sus organizaciones sindicales en medio de una agenda que puede generar fuertes discusiones sobre la administración de los colegios públicos, la formación docente y el papel que tendrán otros actores en el sistema educativo.
La pregunta para los maestros será si las decisiones del nuevo Gobierno se traducirán en mejores condiciones para enseñar y en mayor respaldo para afrontar los problemas que llegan cada día a las aulas.
Y para los estudiantes, el resultado será igualmente sencillo de medir: si tienen profesores suficientes, preparados y con las condiciones necesarias para desarrollar su trabajo.
Colegios, conectividad y aulas en condiciones dignas
La infraestructura educativa será otro de los grandes termómetros de la gestión de Hoyos.
En distintas regiones del país todavía existen instituciones que necesitan obras de mantenimiento, ampliaciones, adecuaciones y mejoras en servicios básicos. A esto se suma la brecha digital, que continúa siendo especialmente evidente en las zonas rurales y apartadas.
El desafío para el Ministerio será evitar que los recursos destinados a infraestructura y conectividad se queden en anuncios o proyectos de largo plazo y conseguir que terminen convertidos en espacios concretos para estudiar.
Para una familia, la política educativa puede resumirse en algo tan sencillo como saber si su hijo tiene un salón seguro, baños adecuados, acceso a internet y un lugar digno para aprender.
La inteligencia artificial ya llegó a las aulas
A estos problemas tradicionales se suma uno relativamente nuevo. La inteligencia artificial ya forma parte de la vida de muchos estudiantes y está cambiando la manera en que hacen tareas, buscan información y estudian.
El Ministerio tendrá que afrontar una discusión que ya no consiste únicamente en decidir si los alumnos pueden utilizar herramientas de inteligencia artificial. La cuestión es cómo enseñar y evaluar en un escenario en el que una herramienta tecnológica puede resolver en segundos tareas que antes exigían horas de trabajo.
También habrá que preguntarse qué ocurre con los estudiantes que no tienen el mismo acceso a dispositivos y conectividad.
La nueva ministra tendrá que encontrar una respuesta educativa a esa transformación tecnológica sin permitir que la brecha digital se convierta
