La crisis del Sistema de Salud colombiano ya no solo se refleja en hospitales quebrados, medicamentos escasos y pacientes esperando atención.Ahora también se está convirtiendo en una crisis abierta de autoridad y control dentro de las EPS intervenidas por el Gobierno.
Las declaraciones del interventor de Nueva EPS, Jorge Iván Ospina, encendieron una nueva alarma nacional luego de responder públicamente al superintendente de Salud, Daniel Quintero, tras la solicitud de renuncia a todos los agentes interventores de las EPS bajo control estatal.
“La renuncia me la pide Petro, no Quintero”, afirmó Ospina. La frase dejó al descubierto algo aún más preocupante: la profunda incertidumbre que hoy rodea el manejo del Sistema de Salud en Colombia.
Mientras millones de pacientes enfrentan retrasos en tratamientos, falta de medicamentos y barreras para acceder a servicios médicos, el país observa cómo las entidades intervenidas entran en disputas internas, cambios permanentes y choques de poder.
Y en medio de esa inestabilidad, Nueva EPS ocupa el centro de la tormenta. Se trata de la EPS más grande del país, con más de 11 millones de afiliados, intervenida por el Gobierno en medio de una crisis financiera y operativa que sigue agravándose.
La preocupación aumenta porque las propias entidades de control ya advirtieron que las intervenciones no están estabilizando el sistema.
La Contraloría alertó recientemente sobre el deterioro crítico de varias EPS intervenidas, señalando riesgos sobre los recursos de la salud y sobre la continuidad de la atención para millones de usuarios.
Ahora, la posible salida o permanencia de los interventores vuelve a abrir preguntas que siguen sin respuesta:
¿Quién está tomando realmente las decisiones sobre el Sistema de Salud?
¿Quién responde por el deterioro financiero de las EPS intervenidas?
¿Quién garantiza la continuidad de los tratamientos para millones de pacientes?
Porque detrás de cada disputa administrativa hay consecuencias humanas reales.
Pacientes esperando autorizaciones.
Hospitales sin pagos.
Clínicas reduciendo servicios.
Especialistas renunciando.
Farmacias desabastecidas.
Ese es el contexto en el que hoy se discute el futuro de las EPS intervenidas.
Mientras el Gobierno habla de transformación, la sensación en el país es cada vez más cercana al desorden y la improvisación y cuando un Sistema de Salud entra en una cadena permanente de cambios, incertidumbre y disputas internas, quienes terminan pagando las consecuencias son siempre los pacientes.
Esto ya no parece una intervención temporal, parece una crisis institucional que se expande mientras el Sistema de Salud pierde estabilidad día tras día.
Colombia ya no está en código rojo. Está en CÓDIGO NEGRO.
