Las autoridades de ambos países atribuyeron la disminución de los cruces ilegales a las estrategias conjuntas de control fronterizo y cooperación en seguridad
Los gobiernos de México y Estados Unidos celebraron una reducción histórica de la migración irregular en la frontera común, luego de que los cruces ilegales alcanzaran su nivel más bajo en cinco décadas, según datos oficiales presentados por ambos países.
La información fue revelada tras una reunión entre la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum y el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en medio de una agenda centrada en temas de migración y seguridad fronteriza.
De acuerdo con la Cancillería mexicana, entre octubre de 2024 y mayo de 2026 se registró una disminución del 90 % en los encuentros entre migrantes irregulares y autoridades estadounidenses en la frontera sur de Estados Unidos.
El gobierno mexicano aseguró que esta caída representa “el nivel más bajo en los últimos 50 años” y la atribuyó al trabajo coordinado entre ambas naciones para reforzar controles migratorios y combatir redes de tráfico de personas.
La reunión entre funcionarios de ambos países se produjo además en un contexto de tensiones diplomáticas relacionadas con temas de narcotráfico y seguridad.
En los últimos días, Washington solicitó a México avanzar en procesos judiciales y de extradición contra funcionarios señalados de presuntos vínculos con organizaciones criminales, situación que ha generado diferencias entre ambos gobiernos.
Pese a ello, las autoridades destacaron la importancia de mantener la cooperación bilateral en temas migratorios y fronterizos.
Aunque las cifras muestran una fuerte reducción en los cruces irregulares, organizaciones humanitarias y expertos continúan alertando sobre los riesgos que enfrentan miles de migrantes en rutas hacia Estados Unidos.
La frontera entre México y Estados Unidos sigue siendo una de las más transitadas y peligrosas del mundo para personas en condición migratoria irregular.
Además, factores como la violencia, la pobreza y las crisis políticas en distintos países de América Latina continúan impulsando movimientos migratorios hacia el norte del continente.
México y Estados Unidos coincidieron en que la reducción de los flujos irregulares refleja el impacto de estrategias conjuntas de vigilancia fronteriza, control migratorio y cooperación institucional.
Sin embargo, distintos sectores han insistido en que el fenómeno migratorio requiere soluciones integrales que incluyan desarrollo económico, protección humanitaria y mecanismos legales de movilidad para las poblaciones más vulnerables.
