En su más reciente columna de opinión, Antonio Casale plantea que el Mundial 2026 no solo será diferente por su tamaño y formato, sino también por la forma en que se vive, se consume y se entiende el fútbol en la actualidad.
La reflexión gira alrededor de los cambios estructurales que acompañarán esta edición del torneo, marcada por nuevas reglas, mayor número de selecciones participantes y un ecosistema deportivo cada vez más influenciado por factores comerciales, tecnológicos y mediáticos.
Para Casale, el torneo que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá representa un punto de quiebre frente a ediciones anteriores, debido a la ampliación de equipos participantes y a las nuevas dinámicas de organización.
La expansión del campeonato también abre debates sobre competitividad, calendario, logística y el impacto que tendrá un torneo de mayor escala.
La columna también pone el foco sobre cómo el fútbol moderno ha transformado la relación entre aficionados, selecciones y grandes eventos deportivos.
Aspectos como la comercialización, las plataformas digitales, los derechos audiovisuales y la experiencia de consumo aparecen como elementos centrales dentro de esta nueva etapa del deporte.
Más allá de los ajustes en competencia, la reflexión apunta a que el Mundial 2026 podría convertirse en una muestra de cómo está cambiando el fútbol global: más masivo, más conectado y con nuevas reglas dentro y fuera de la cancha.
La discusión llega justo cuando crecen los debates sobre precios de boletería, organización, formatos y acceso de los aficionados al evento deportivo más importante del planeta.
