Autoridades de Nueva York y Nueva Jersey investigan posibles irregularidades en la venta de boletos, mientras crecen las quejas de aficionados por altos costos y modificaciones en ubicaciones
La FIFA enfrenta una nueva controversia a pocos días del inicio del Mundial 2026, luego de que autoridades de Nueva York y Nueva Jersey abrieran una investigación sobre las prácticas de venta de entradas, tras denuncias por incrementos elevados en los precios y cambios en la ubicación de los asientos adquiridos por aficionados.
La investigación está siendo liderada por las fiscalías generales de ambos estados, que enviaron requerimientos formales a la organización para revisar cómo se definieron los precios, las categorías de las boletas y las modificaciones realizadas durante el proceso de comercialización.
Las autoridades buscan establecer si la implementación de sistemas de precios variables y ajustes posteriores en los mapas de los estadios afectaron a consumidores que habrían terminado con ubicaciones menos favorables a las inicialmente compradas.
Entre las principales críticas aparece el uso de estrategias señaladas por funcionarios estadounidenses como posibles mecanismos de “escasez artificial”, que habrían incrementado la percepción de demanda y elevado los costos finales de las entradas.
Los cuestionamientos aumentaron luego de conocerse que algunos boletos para partidos de alta demanda y para la final registraron precios de varios miles de dólares, mientras aficionados denunciaron falta de claridad en la asignación de ubicaciones. Algunas entradas para encuentros importantes llegaron a superar los US$30.000 en reventa y mercados secundarios.
La FIFA implementó por primera vez sistemas de precio dinámico y ajustes según demanda, modelo que ha sido defendido por el organismo como una herramienta para equilibrar ingresos y ocupación de estadios.
Hasta el momento, la organización no ha entregado comentarios amplios sobre las acusaciones y ha evitado pronunciarse oficialmente sobre las citaciones emitidas por las autoridades estadounidenses.
Mientras avanza la investigación, el caso vuelve a abrir el debate sobre el acceso de los aficionados a eventos deportivos de gran escala y la transparencia en los sistemas de venta utilizados para competencias internacionales.
