La decisión se tomó por orden del presidente Abelardo de la Espriella y afectó obras relacionadas con los movimientos feministas y LGBTIQ+, las víctimas de la violencia política y el Acuerdo de Paz. El Gobierno defiende la medida como parte de su política cultural, mientras expertos cuestionan sus efectos sobre la memoria histórica.
Más de 30 fotografías, afiches y objetos fueron retirados de tres salas del Museo Nacional de Colombia, en Bogotá, el pasado 15 de octubre. La decisión, ordenada por el presidente Abelardo de la Espriella, abrió una discusión sobre la representación de la historia del país en sus instituciones culturales y el papel del Gobierno en las decisiones curatoriales.
El retiro coincidió con la visita del mandatario al Ministerio de Cultura, durante la cual anunció una denominada contrarrevolución cultural contra lo que considera expresiones de la cultura woke. Entre las piezas desmontadas había elementos relacionados con la diversidad sexual, las luchas feministas, las víctimas de la violencia política y el proceso de paz con las antiguas FARC.
¿Qué piezas fueron retiradas del Museo Nacional?
Las intervenciones se realizaron en las salas Hacer sociedad, Memoria y Nación y Fuerza, fe y sustancia. Entre los elementos retirados se encuentran:
- Piezas relacionadas con la comunidad LGBTIQ+: fotografías y materiales vinculados con las luchas por el reconocimiento de sus derechos.
- Documentos del movimiento feminista: afiches y manifiestos sobre la participación política de las mujeres y la lucha contra la violencia de género.
- Material sobre la violencia política: afiches de campañas presidenciales de dirigentes como Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo.
- Objetos asociados con el proceso de paz: entre ellos, el llamado Balígrafo, una pluma elaborada con un casquillo de bala que se utilizó para firmar el Acuerdo de Paz de 2016, y el tarjetón de la Séptima Papeleta.
El museo no había confirmado públicamente el inventario definitivo de todas las piezas retiradas ni las razones específicas para desmontar cada una de ellas.
¿Qué argumentos presenta el Gobierno?
El presidente De la Espriella cuestionó la presencia de elementos que, a su juicio, representan una exaltación de actores armados y del terrorismo en espacios públicos. En ese contexto, ordenó retirar piezas relacionadas con figuras como Carlos Pizarro, excomandante del M-19 y candidato presidencial asesinado en 1990.
La ministra de Cultura, Paola Holguín, defendió la decisión y sostuvo que el Estado debe conservar, proteger y transmitir la cultura nacional sin convertirla en un instrumento de adoctrinamiento político. También señaló que el Gobierno evalúa la museología y la curaduría de otros espacios culturales.
La administración ha planteado que busca revisar la manera en que se presentan determinados episodios de la historia colombiana. Sin embargo, la discusión se centra en si retirar estas piezas contribuye a contextualizar esos hechos o si limita la representación de memorias históricas relevantes.
Las críticas de expertos y del sector cultural
La medida generó cuestionamientos de antiguos integrantes del equipo curatorial, investigadores y representantes del sector cultural. Una de las principales preocupaciones es que las piezas formaban parte de exposiciones permanentes construidas a partir de procesos de investigación y trabajo académico desarrollados durante varios años.
Andrés Góngora, quien fue curador de etnografía del Museo Nacional, cuestionó el retiro de las obras y recordó que las salas intervenidas no eran exposiciones temporales, sino espacios que contaban con investigaciones y guiones curatoriales extensos.
Por su parte, el activista Manuel Velandia, quien donó materiales relacionados con la historia LGBTIQ+ al museo, cuestionó que el arte se reduzca a una función decorativa y defendió su capacidad para representar procesos sociales, culturales y políticos.
El debate también llegó a otras instituciones culturales. Museos de arte moderno del país expresaron su preocupación por el retiro de las piezas y por las posibles implicaciones de las decisiones gubernamentales sobre la autonomía de los espacios museísticos.
¿Quién decide cómo se cuenta la historia de Colombia?
El caso abrió una discusión que va más allá de las obras retiradas: ¿cómo debe un museo público representar los episodios más complejos de la historia nacional?
Los museos seleccionan, conservan y contextualizan objetos para explicar procesos históricos. Esa labor implica decisiones curatoriales, investigación y diálogo con diferentes comunidades. Por eso, especialistas y críticos de la medida advierten que modificar las exposiciones por directrices políticas puede afectar la pluralidad de las narraciones históricas.
Desde la perspectiva del Gobierno, la revisión busca evitar que las instituciones culturales presenten como referentes positivos a actores vinculados con la violencia. Sus críticos, en cambio, sostienen que exhibir una pieza histórica no significa necesariamente glorificar a la persona o al movimiento que representa.
Por ahora, el retiro de las obras mantiene abierto el debate sobre la memoria histórica, la libertad cultural y el alcance de la intervención del poder político en las instituciones encargadas de preservar el patrimonio colombiano.
Fuente: El Tiempo, El Espectador
