El expresidente de EE. UU. lanzó un organismo internacional paralelo a la ONU para abordar conflictos como el de Gaza, con compromisos financieros y participación de más de 40 países, aunque genera controversia por su legitimidad.
La primera reunión de la llamada Junta de Paz, promovida por el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, culminó este jueves en Washington D. C. con un discurso en el que el propio Trump se autodefinió como jefe vitalicio de la alianza, una iniciativa que busca posicionarse como alternativa a organismos multilaterales tradicionales para abordar conflictos globales.
El encuentro, celebrado en el Instituto de la Paz de EE. UU., congregó a representantes de más de 40 países, entre ellos gobiernos que asistieron como miembros o como observadores. La creación del grupo se presentó como un esfuerzo para coordinar recursos económicos, fuerzas de estabilización y apoyo logístico, siendo Gaza el foco inicial de su actuación, tras el conflicto que afectó a la región.
Durante la sesión inaugural, Trump anunció que Estados Unidos aportará 10.000 millones de dólares para financiar las actividades de la Junta de Paz y resaltó las contribuciones comprometidas por otras naciones, con un objetivo declarado de ayudar a la reconstrucción de la Franja de Gaza y extender la cooperación a otros escenarios de conflicto.
Apoyo y participación internacional
Entre los países que manifestaron su respaldo o contribución económica al organismo figuran diversas naciones del Golfo, así como aliados de Trump, aunque algunos países europeos occidentales optaron por no participar plenamente o enviaron delegaciones limitadas, lo que ha generado dudas sobre la aceptación global de la iniciativa.
Además de los compromisos financieros, la alianza también contempla la participación de fuerzas policiales y militares para apoyar la estabilidad en Gaza; algunos países musulmanes se comprometieron a aportar personal para estas tareas, aunque los detalles operativos aún están por definirse.
Controversia y legitimidad
La Junta de Paz ha sido descrita por críticos como una iniciativa controvertida, en parte porque se ha creado fuera del marco de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sin el respaldo unánime de la comunidad internacional. Algunos países que recibieron invitación, como varios miembros de la Unión Europea, han mostrado reticencia o han rechazado formalmente integrarse.
Pese a las críticas, Trump defendió el nuevo organismo como una herramienta para revitalizar la cooperación internacional y responder de manera más eficaz a conflictos prolongados, y afirmó que, en colaboración con los países que se adhieran, la Junta podrá aportar soluciones prácticas para reconstruir regiones afectadas por guerras.
Mirada hacia el futuro
Tras el cierre de la primera reunión, los representantes de la Junta de Paz acordaron continuar las consultas para definir su estructura operativa, los mecanismos de contribución financiera y los criterios para su intervención en otros conflictos más allá de Gaza. El grupo también se perfila como un foro donde Estados Unidos busca ampliar su liderazgo en asuntos de seguridad y desarrollo internacional, en paralelo a instituciones tradicionales.
El evento marca un paso importante en el impulso de esta iniciativa, aunque su eficacia y aceptación global aún están por verse en el contexto de un sistema internacional que enfrenta desafíos de legitimidad y cooperación multilateral.
