Mientras países como Chile han cimentado buena parte de su economía en la exportación de cobre, Colombia apenas produce entre 6.000 y 9.000 toneladas anuales, pese a contar con un alto potencial geológico para este mineral, según cifras de la Agencia Nacional de Minería (ANM) y la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME). En este escenario, el proyecto El Alacrán, ubicado en Puerto Libertador (sur de Córdoba), surge como la pieza clave para que el país deje de ser un actor marginal en la transición energética global.
En entrevista para La FM, Sarah Armstrong-Montoya, CEO y Presidente de Cordoba Minerals Corp., explicó por qué este yacimiento es considerado un activo estratégico de «clase mundial» y cuál es su hoja de ruta para comenzar operaciones.
Actualmente, El Alacrán está en la fase de evaluación de licenciamiento ambiental ante la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA). Según Armstrong, la compañía está lista para iniciar la fase de construcción inmediatamente después de recibir el aval oficial, con la meta ideal de arrancar en los próximos meses.
Una de las novedades más destacadas del proyecto es su enfoque en la autogeneración limpia. Armstrong reveló que planean la construcción de un parque solar que aportará aproximadamente el 50% de la demanda energética de la operación.
- Gestión ambiental: además de compensar sus propias intervenciones, con la restauración de cerca de 1.280 hectáreas, frente a unas 733 hectáreas de intervención directa; la Compañía asumirá la restauración de aproximadamente 220 hectáreas de pasivos ambientales históricos, asociados a antiguas actividades mineras. Esto representa una ganancia ambiental para el territorio, porque implica recuperar áreas degradadas y mejorar la calidad del suelo.
- Minería moderna: integra estándares técnicos y operativos de alto nivel, en cumplimiento de la normativa nacional y los referentes internacionales del sector.
La puesta en marcha de la fase constructiva de El Alacrán promete transformar la economía del sur de Córdoba, una región con históricas brechas sociales:
- Empleos directos e indirectos: se proyectan más de 1.700 empleos solo en la construcción y fase operativa de la mina.
- El efecto multiplicador: Armstrong destacó que, según la experiencia global, por cada empleo directo que genera un proyecto de esta magnitud, se benefician al menos ocho personas de forma indirecta en el territorio.
- Capacitación: formación técnica con el SENA y transferencia de conocimiento, aprovechando la experiencia de sus socios que han construido dos de las minas de cobre más grandes del mundo (en Mongolia y el Congo).
Pese a que el proyecto ha enfrentado desafíos de convivencia en el pasado, Armstrong-Montoya aseguró que hoy cuentan con una «excelente relación» con sus vecinos.
Según declaraciones recientes de Armstrong, los líderes locales de Juntas de Acción Comunal han enviado cartas de apoyo solicitando que el proceso de licenciamiento avance.
En esos términos, el proyecto El Alacrán trasciende su condición de operación minera: se convierte en un termómetro de la capacidad de Colombia para pasar del potencial a la acción.Con un mundo exigiendo una mayor colocación en el mercado de minerales críticos, el país tiene en sus manos la posibilidad de convertir esa ‘riqueza de los Andes’ en una realidad que impulse la tecnología global mientras genera progreso tangible en sus propias regiones. La decisión de avanzar hacia una minería moderna y responsable marcará, sin duda, el ritmo de nuestra propia transición.
