La carrera global por una economía baja en carbono ha puesto a un viejo conocido en el centro del escenario: el cobre. Este metal actúa como insumo industrial y además hoy se consolida como la columna vertebral de la infraestructura del futuro, desde los parques eólicos hasta los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial.
Sin embargo, el mundo se enfrenta a una paradoja: mientras la ambición climática crece, el suministro de este mineral crítico podría no ser suficiente para seguirle el ritmo.
¿Por qué el cobre es insustituible?
La clave reside en su alta conductividad eléctrica y térmica. En el diseño de las nuevas tecnologías limpias, el cobre es prácticamente obligatorio para:
- Energías renovables: Componente vital en paneles solares y aerogeneradores.
- Electromovilidad: Esencial para vehículos eléctricos y sus estaciones de carga.
- Infraestructura: Clave para las redes de transmisión y sistemas de almacenamiento de energía.
De acuerdo con las proyecciones actuales, el consumo de cobre experimentará un salto histórico:
- Proyección a 2040: Según la OCDE, las tecnologías limpias absorberán entre el 24% y el 45% del consumo total de este metal.
- Proyección a 2050: S&P Global estima que la demanda pasará de 25 millones de toneladas (2022) a más de 50 millones.
- El déficit que viene: Instituciones como la Unctad advierten que, si no se activan nuevos proyectos mineros, para 2040 podríamos enfrentar un faltante de 10 millones de toneladas.
A pesar de contar con un potencial geológico importante, Colombia sigue siendo un actor marginal en comparación con países vecinos como Chile y Perú, quienes lideran la producción global (aportando cerca del 40% del cobre mundial junto a otros países como China, EE. UU. y el Congo).
Para el país, el reto es doble:
- Acelerar la producción: Superar la lentitud en la habilitación de proyectos.
- Sostenibilidad real: Garantizar que la extracción no repita los errores del extractivismo tradicional, incorporando estándares ambientales, sociales y de transparencia.
La transición energética solo será viable si la minería que la sustenta incorpora criterios de sostenibilidad, participación comunitaria y trazabilidad
Oportunidad en las regiones
En zonas como el sur de Córdoba, el desarrollo de proyectos de cobre más que un tema macroeconómico; representa una oportunidad para cerrar brechas en empleo formal e infraestructura. La clave, según los expertos, reside en una política minera predecible que logre articular las metas climáticas con la protección de los ecosistemas y el desarrollo social de los territorios.
El proyecto de cobre El Alacrán, ubicado en zona rural de Puerto Libertador, Córdoba, ha permitido la vinculación laboral y el desarrollo de iniciativas sociales en una región con altos niveles de informalidad. En los 11 años que lleva el proyecto en desarrollo en la zona, ha generado más de 2.300 vinculaciones directas e indirectas, con una participación superior al 80% de mano de obra local y regional. En un territorio donde la informalidad supera justo el 80%, estas oportunidades han significado ingresos estables, acceso a seguridad social y procesos de formalización laboral.
Actualmente, el proyecto está a la espera del visto bueno por parte de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) de su Estudio de Impacto Ambiental (EIA). De obtener la licencia, la etapa de construcción y montaje proyecta la creación de 1.700 empleos formales. A esto se suman los encadenamientos productivos asociados, que podrían beneficiar a unas 13.600 personas mediante la contratación de bienes y servicios locales y regionales, con efectos en la estructura laboral de municipios rurales del sur del departamento.
Respaldo comunitario
El proyecto evidencia apoyo de comunidades y líderes sociales de la zona, quienes lo asocian con oportunidades de empleo y acceso a servicios. Alejandro Marulanda, minero y habitante de la comunidad mina El Alacrán, afirma que “no queremos volver a ser invisibles. Aquí la gente ha podido trabajar de manera formal, con seguridad social, y eso no había pasado antes”.
Para Eliecer Velásquez, presidente de la Junta de Acción Comunal, el proyecto representa una alternativa frente a la informalidad: “la mayoría de empleos legales que hoy existen en nuestras veredas están relacionados con El Alacrán. Gracias a eso muchas familias han podido sostenerse y pensar en un futuro distinto”.
Por su parte, Ilda Reyes, mujer cabeza de hogar y secretaria de la Junta de Acción Comunal de la vereda San Matías, destaca que “en realidad este proyecto nos ha abierto muchas puertas, nos ha dado muchas oportunidades a las comunidades que estamos viviendo aquí alrededor”.
Entre las acciones que sustentan este respaldo se incluyen brigadas de salud con atención especializada, políticas de empleo local priorizado, programas de formación técnica con el SENA, procesos de formalización minera y esquemas de reconversión productiva para diversificar la economía rural.
