El ingreso de Montevideo al diálogo con la CNEB busca reforzar la credibilidad internacional y garantizar transparencia en la dejación de armas y cumplimiento de compromisos.
El Gobierno colombiano confirmó este jueves 4 de diciembre de 2025 que Uruguay será el nuevo país garante en la mesa de diálogo con la disidencia comandada por Walter Mendoza, perteneciente a la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB). La decisión fue anunciada por la Consejería Comisionada de Paz.
Con este respaldo internacional, el Gobierno espera fortalecer la legitimidad del proceso, asegurar un acuerdo verificable y garantizar un entorno de transparencia, cooperación y confianza durante las negociaciones. En su comunicado oficial, la Consejería enfatizó que la participación de Uruguay representa “un aporte significativo” para avanzar hacia acuerdos duraderos.
Este anuncio se produce tras un nuevo ciclo de diálogos entre las partes, en el contexto de la estrategia del Ejecutivo denominada “Paz Total”. El proceso ya completó recientemente la destrucción de más de 14 toneladas de material de guerra entregado por la CNEB, lo que indica un compromiso inicial del grupo con el desarme.
El plan contempla ahora avanzar hacia la instalación de las llamadas Zonas de Capacitación Integral y Ubicación Temporal (ZOCIUT), espacios donde los excombatientes recibirán formación técnica, apoyo psicosocial y oportunidades de reincorporación. Inicialmente, se espera que al menos 120 integrantes de la CNEB accedan a esta fase.
La inclusión de Uruguay como garante externo representa un paso estratégico crucial para dotar de solidez y respaldo internacional al proceso de paz con la CNEB. Si se consolida, podría servir de puente hacia acuerdos más amplios de desarme, reconciliación y desarrollo territorial. No obstante —y como en todo proceso complejo— el éxito dependerá en buena medida de la voluntad real de las partes, del control del cumplimiento de compromisos y de la efectividad en la reintegración social de excombatientes. El país atraviesa nuevamente una encrucijada histórica: con diplomacia, acompañamiento y vigilancia, tiene ahora una ventana real para buscar paz; pero sin garantes firmes, esa posibilidad corre el riesgo de diluirse.
