Aunque aumentó la representación femenina en las curules de paz, solo cinco de los 16 escaños quedaron en manos de mujeres, lo que mantiene el debate sobre la igualdad de género en la política colombiana.
Las elecciones legislativas de 2026 dejaron un leve avance en la participación femenina dentro de las curules de paz, los escaños creados tras el Acuerdo de Paz de 2016 para representar a las víctimas del conflicto armado en el Congreso.
De acuerdo con los resultados electorales, cinco mujeres lograron obtener una curul en la Cámara de Representantes para el periodo 2026-2030, dos más que en las elecciones anteriores, cuando solo tres fueron elegidas.
Sin embargo, pese al aumento, el resultado aún refleja una brecha de género en la representación política, ya que la mayoría de estas circunscripciones especiales siguen siendo ocupadas por hombres.
Las cinco mujeres que llegarán al Congreso
Las lideresas que ocuparán estas curules de paz representan territorios fuertemente afectados por el conflicto armado y cuentan con trayectorias vinculadas a procesos sociales y comunitarios.
Entre las elegidas se encuentran:
- Karen Manrique, quien logró repetir su curul en la circunscripción de Arauca.
- Karen Juliana López, reelegida por la circunscripción 16 del Urabá antioqueño.
- Laura Vanessa Díaz, elegida en la circunscripción 14 correspondiente a Córdoba.
- María Janeth Sabogal, representante por la circunscripción del Tolima.
- Tatiana Gaona, otra de las nuevas congresistas que llegará al Legislativo en representación de territorios golpeados por la violencia.
Estas candidatas llegaron al Congreso mediante el sistema de las Circunscripciones Transitorias Especiales para la Paz (CITREP), que exige que cada lista esté integrada por un hombre y una mujer, aunque finalmente solo uno de ellos obtiene el escaño según la votación.
Historias marcadas por el conflicto
Varias de las nuevas representantes han sido víctimas directas del conflicto armado, lo que ha marcado su trabajo político y social.
Por ejemplo, Karen Juliana López, de 30 años, es odontóloga y fue víctima de desplazamiento forzado, además de participar en organizaciones de víctimas en la región de Urabá.
En el caso de Laura Vanessa Díaz, su historia también está ligada a la violencia en el campo. Su familia fue desplazada del Alto Sinú, en Córdoba, y años después logró recuperar sus tierras mediante un proceso de restitución, experiencia que impulsó su liderazgo en organizaciones de campesinos retornados.
Por su parte, María Janeth Sabogal, elegida por el Tolima, ha trabajado en procesos comunitarios tras haber sufrido la violencia del conflicto, que en 1994 dejó como víctimas a su padre y a su hermano menor.
Un avance aún insuficiente en igualdad de género
Aunque la elección de cinco mujeres en las curules de paz representa un aumento frente al periodo anterior, analistas y organizaciones sociales consideran que el resultado aún está lejos de alcanzar una representación paritaria en el Congreso.
Las CITREP, creadas para dar voz política a las víctimas del conflicto en regiones históricamente afectadas por la guerra, continúan siendo un escenario donde la participación femenina avanza lentamente, pese a las reglas de paridad en las listas.
Con la conformación del nuevo Congreso para el periodo 2026-2030, el debate sobre la igualdad de género y la participación política de las mujeres sigue siendo uno de los retos pendientes dentro de la democracia colombiana.
