El gerente de la entidad, Leonardo Villar, señala riesgos de desequilibrios macroeconómicos y sugiere que la política monetaria restrictiva podría prolongarse más de lo esperado.
El gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, advirtió recientemente que las actuales tasas de interés elevadas podrían mantenerse durante buena parte de 2026, en medio de una combinación de presiones inflacionarias y un complejo entorno fiscal que limita la capacidad del Estado.
Según Villar, aunque la inflación ha dado algunos signos de moderación, persisten factores que podrían mantenerla al alza, como incrementos en los precios internacionales de alimentos y energéticos, así como choques externos. Además, el desequilibrio fiscal del país —resultado de altos gastos públicos y menor recaudo— complica el escenario: una tasa de interés baja podría alimentar la inflación y debilitar la confianza macroeconómica.
El pronóstico sobre tasas elevadas tiene implicaciones para ciudadanos y empresas: préstamos hipotecarios, créditos de consumo, financiación para negocios y proyectos productivos podrían mantener costos altos o incluso encarecerse, lo que podría frenar la inversión y el consumo. Para hogares de ingreso medio y bajo, esto podría traducirse en menor acceso a crédito y mayores dificultades para adquirir vivienda, vehículo o financiar estudios.
Al mismo tiempo, la política monetaria restrictiva —si se prolonga— podría afectar la reactivación económica, en un contexto donde se espera que el crecimiento sea modesto. Los analistas advierten que esto exige un equilibrio delicado entre controlar la inflación y no asfixiar el dinamismo del mercado interno.
La advertencia del Banco de la República plantea una realidad incómoda: bajar las tasas de interés rápidamente podría desatar una nueva escalada inflacionaria, pero mantenerlas altas prolonga los costos financieros para hogares y empresas. El gran reto para Colombia será encontrar el equilibrio entre estabilidad macroeconómica y recuperación económica. En los próximos meses, las decisiones de política monetaria y fiscal podrían definir no solo la salud financiera del país, sino el bienestar de millones de colombianos.
