El exjefe de despacho del presidente Gustavo Petro retoma un cargo oficial pese a investigaciones en su contra por el escándalo de pasaportes, sumándose a la ola de nombramientos políticos en la diplomacia.
La administración del presidente Gustavo Petro designó formalmente a Alfredo Saade como nuevo embajador de Colombia ante la República Federativa de Brasil. Su hoja de vida para ese cargo fue publicada recientemente en la página oficial de aspirantes de la Presidencia.
Saade había dejado su cargo como jefe de despacho en agosto pasado, tras ser objeto de una suspensión provisional por parte de la Procuraduría General de la Nación, en medio de cuestionamientos por la ejecución del nuevo esquema de expedición de pasaportes.
La decisión revive críticas sobre la práctica de asignar puestos diplomáticos a perfiles políticos sin experiencia previa en relaciones internacionales, una tendencia que se intensifica en esta administración.
Para Saade, el nombramiento representa un intento de regresar al poder con otro rol, alejado de la Casa de Nariño, aunque él mismo ha manifestado que la designación no se concretará si no cuenta con “beneplácito” del país receptor.
Además, su designación ocurre en un contexto de fuertes tensiones internas dentro del gobierno, donde Saade ha denunciado la existencia de un “fuego interno” en su contra, lo que podría complicar su impulso diplomático desde el exterior.
Con el nombramiento de Alfredo Saade como embajador en Brasil, el Gobierno de Petro confirma que está dispuesto a reubicar figuras polémicas de su entorno en cargos clave de representación internacional. Sin embargo, la decisión no solo reaviva cuestionamientos sobre meritocracia, diplomacia y ética pública: también plantea interrogantes sobre hasta qué punto la diplomacia puede servir como vía de rehabilitación política, especialmente cuando persisten investigaciones disciplinarias. Lo que está en juego no es solo el prestigio de un cargo, sino la credibilidad institucional del país en el exterior.
