Los datos oficiales muestran por primera vez desde 1982 que ninguna mujer menor de 25 años fue diagnosticada en 2021; la vacunación sistemática impulsa la esperanza de eliminar este cáncer para 2035.
Un reciente informe del Centre for Research Excellence in Cervical Cancer Control (CRE-C4) confirma que en 2021 —por primera vez desde que comenzaron los registros en 1982— no se diagnosticó ningún caso de cáncer de cuello uterino en mujeres menores de 25 años en Australia.
Este logro histórico se atribuye, en gran parte, al programa nacional de vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), que ofrece la vacuna gratuitamente a niñas, adolescentes y jóvenes hasta los 25 años. Desde su implementación, el país ha observado una caída constante en las tasas de cáncer cervical general: en 2021 la tasa nacional fue de 6,3 casos por cada 100.000 mujeres, frente a 6,6 por cada 100.000 en 2020.
Además de estos indicadores, los expertos señalan que la vacunación temprana —idealmente antes del inicio de la vida sexual— es clave. La evidencia global respalda que las vacunas contra el VPH reducen de forma significativa las infecciones por los tipos del virus que más frecuentemente ocasionan cáncer, y disminuyen las lesiones precancerosas que pueden evolucionar a tumores.
Pese al éxito, los investigadores advierten que el avance debe mantenerse. Para eliminar definitivamente el cáncer cervical se requiere no solo vacunación masiva, sino también programas de tamizaje (exámenes regulares) eficientes y acceso a tratamiento cuando haya lesiones. Según la estrategia global de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se apunta a un umbral de incidencia menor a 4 por 100.000 mujeres.
El éxito de Australia demuestra con claridad lo que la ciencia y la salud pública han prometido por años: la vacunación contra el VPH puede transformar radicalmente la carga del cáncer de cuello uterino. Que un país registre cero casos entre mujeres jóvenes no es una casualidad, sino el resultado de una política sostenida, con vacunación accesible, cobertura amplia y seguimiento epidemiológico. Si este ejemplo se replica globalmente —con compromiso, recursos y equidad— el cáncer cervical puede dejar de ser una condena. Para mujeres, profesionales de la salud y gobiernos, el mensaje es poderoso: prevenir hoy reduce muertes mañana.
